Sergio Torres: “Somos perfeccionistas, le dedicamos todo nuestro tiempo al trabajo”

Fotos: Archivo- La Nueva.

Por Tomás Arribas / tarribas@lanueva.com
(Nota publicada en la edición impresa de hoy)

Un nuevo galardón, el tercero consecutivo. Y nada menos que en la sofisticada y competitiva Clase 3 del Turismo Nacional, una de las máximas expresiones del automovilismo nacional.

Otro premio a la sabiduría y capacidad técnica del preparador Sergio Torres y su equipo de trabajo, responsables de proveer potencia al Honda Civic del rionegrino José Manuel Urcera, flamante bicampeón de la divisional mayor.

La consagración, tercera en fila (sumada a la de Leonel Pernía en 2018), además de ratificar el prestigioso estatus de la estructura con sede en Tornquist en la primera plana de la competición mecánica, nos explica a la perfección en qué consiste la vigencia.

Algo similar apuntalamos siete días atrás con el camino transitado por el preparador bahiense Pablo Arana.

“Nunca se deja de trabajar y desarrollar. Somos perfeccionistas, le dedicamos todo nuestro tiempo al trabajo; nada queda librado al azar. Se hace mucho, y todo a consciencia, para que así los motores funcionen y, sobre todo, no se paren. Eso hace la diferencia”, nos cuenta Torres, quien desembarcó en el Turismo Nacional a fines de los 90′, junto a Néstor Percaz.

“Y más en una categoría como el Turismo Nacional–agregó–, tan competitiva y pareja, donde además hubo que atender cuestiones reglamentarias que relegaron mucho a la marca Honda en relación a las demás; circunstancias que nos pusieron más limitaciones y nos obligaron a pulir cada detalle al máximo”.

—¿El motor Honda es mejor por naturaleza o se lo trabajó muy bien?

—Si les preguntás a los rivales, van a decir que la marca es mejor. Yo digo que es cuestión de dedicación, empeño y sabiduría. No es fácil hacer un motor con una brida tan pequeña y tan poca compresión como nos lo exigen. Lamentablemente fue un castigo a un grupo sólido de trabajo, tanto en la parte chasis, como en el motor y el piloto. A la larga eso hará que una marca sobresalga. Pero, a su vez, también implica un castigo.

El Honda Civic campeón de Urcera, preparado por Torres.

Por si ello fuese poco, Torres, también encargado de los Honda Civic del Chetta Racing (Carlos Okulovich venció en la última fecha), destaca un aspecto no menor en la preparación, derivado del nuevo contexto de competencia forzado por la pandemia.

“Ganar en un año tan difícil es aún más meritorio. Fue un calendario con menos carreras y un cronograma mucho más apretado que lo habitual, con tres competencias dobles. Eso nos obligó a cambiar los trabajos y a encarar cada fecha mejor preparados todavía, para que todo soporte una exigencia mayor. Se podía cambiar de impulsor durante, pero eso implicaba lastre; por lo que hubo que hacer mejor los deberes, preparando más elementos nuevos y tomando recaudos. El auto funcionó siempre bien y no se paró nunca. Creo que por eso llegó este logro”, destacó.

—¿Se llegó al techo de la preparación?

—Se hila muy fino, pero no hay un techo. Investigando y buscando en pequeños detalles se puede seguir experimentando. La sumatoria de ellos hacen la diferencia en el rendimiento. Siempre vamos por ese camino, intentando conocer y desarrollar.

“El hecho de tener trabajo a este nivel, en una categoría nacional tan importante, te obliga a estar en constante evolución, porque, al ser competición, son los resultados los que condicionan y determinan el éxito de tus trabajos”, remarcó Torres.

Efecto pandemia

El “Torres Competición” transitó por el mismo sendero que los demás actores de la industria automovilística durante la pandemia.

Es decir, ante la inactividad y la imposibilidad de generar ingresos, fueron meses de sufrimiento y plagados de incertidumbres.

“Veía muy difícil el tema de las carreras, por el hecho que la categoría, al ser tan federal, tenía que recorrer mucho el país, y eso hacía que resultara casi imposible la apertura de las provincias. Pasó el tiempo y la política entendió que no se podía seguir así. Eso facilitó la vuelta de carreras”, contó.

“Estuvimos bastante tiempo sin trabajar y complicados. Mientras tanto aprovechamos a ordenar el taller. El tema era que, al no tener ingresos, no se podía gastar dinero en desarrollos y novedades. Hicimos trabajos que no son tan rentables como para mantener una estructura como la nuestra”, agregó.

—Y además de todo eso, la crisis de Apat…

—Exacto. De golpe, la categoría se encontró sin el presidente y con algunos pilotos haciéndose cargo de la organización. Realmente fue un año muy duro, y eso generaba aún más preocupaciones. Pero, al menos por ahora, eso quedó atrás.

“Todo depende de las charlas que tengamos estos días”

Sin dormise en los laureles, y también apremiado por los tiempos, Sergio Torres ya trabaja en los próximos desafíos de la estructura y los objetivos deportivos para el calendario 2021, que, según él mismo manifiesta, aún están en veremos.

“Todavía no está muy definido. En la escuadra de Larrauri la cosa va encaminada al cambio de marca (de Honda y a Chevrolet). En principio, para las primeras carreras, probablemente compitan con los Civic, para terminar bien los trabajos en los nuevos Cruze. Pero el cambio es casi seguro”, aseveró.

“Y en cuanto al equipo de Chetta–agregó–, el dueño (Gustavo Chetta) tiene la idea de armarse sus propios motores de ahora en más, aunque eso tampoco está definido. Todo depende de las charlas que tengamos en los próximos días”.

—¿Qué hay de tus autos?

—Los autos de mi estructura (Chevrolet Cruze de Clase 3 y Chevrolet Corsa de Clase 2), por lo pronto, ni siquiera se ofrecieron para alquilar, porque la situación económica está muy difícil. Alquilarlos implicaría mucho riesgo y muy poca rentabilidad. Si la situación mejora, pensaríamos en ponerlos en pista.

Fuente: La Nueva.

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