“Juanchi” Torres: “Como trabajamos, podemos dar pelea y ser competitivos entre las grandes estructuras”

Por Tomás Arribas / tarribas@lanueva.com
(Nota publicada en la edición impresa de hoy)

El entrañable Corsita le llegó la hora. Ese noble, rendidor y tan batallador auto que, desde aquel lejano marzo de 2007 a hoy, actualizaciones mediante (su nueva configuración obligaba a llamarlo Classic), casi nunca defraudó.

El tornquistense Juan Ignacio Torres (34) despidió el pasado fin de semana a la herramienta mecánica que tantas alegrías le dio en la Clase 2 del Turismo Nacional.

Un adiós obligado, de acuerdo con lo estipulado por el reglamento deportivo de la especialidad.

Pero como dice la trillada frase, “no hay mal que por bien no venga”, esa imposición técnica/dirigencial motivó a Juanchi a reflotar sus épocas de animador activo de la categoría y a volver a sentirse un piloto de carreras.

“Arrancamos el año al conocer la noticia que daban de baja el modelo a final de temporada. Eso por un lado, sumado a que la temporada empezaba en Bahía y que el Corsa estaba armado, nos motivó a por lo menos a iniciar el campeonato”, expresó el también chasista del taller que encabeza su padre Sergio.

Jueves previo a la primera fecha. Allí asomaba en boxes el tráiler con el Corsita a cuestas, para sorpresa (grata, por supuesto) de los presentes en boxes presenciando la apertura de campeonato.

Para más asombro todavía, dos días más tarde, el Corsa azul Nº110 ganaba una de las series y se ganaba la candidatura máxima a la victoria. Faltó la frutilla del postre, pero entre los Torres estaba claro que no podía desaprovecharse ese potencial.

“En Bahía se anduvo muy bien y eso hizo que algunas personas nos den algo de apoyo publicitario acá en Tornquist, que es lo más difícil. Con un resultado así, y la llegada de gente queriendo ayudar, no quedó otra que intentar continuar”, apuntó el tornquistense, ganador de dos finales en la Clase 2.

“Esa primera fecha faltó redondear—agregó–, pero estábamos para pelear el podio; en San Nicolás, la segunda, veníamos para terminar entre los seis mejores y un toque me dejó por poquito fuera de los diez. Es decir que los parámetros eran muy buenos. De esa forma era difícil no querer intentar seguir todo el año”.

—Y hablamos de rendimientos con un auto de vieja generación, que permaneció mucho tiempo parado…

—Sí, es verdad. Para el reglamento que tenía el Corsita, los resultados fueron muy buenos. Por ejemplo, casi siempre clasificamos cerca de los mejores, mayormente dentro del segundo de diferencia. El auto es viejo pero está actualizado con los nuevos elementos que se han ido implementando con el paso de los años. Que siga funcionando bien nos marca que, de la forma que trabajamos y hacemos las cosas, podemos ser competitivos y dar pelea a pesar de las grandes estructuras. Estamos muy contentos por lo hecho.

—¿Lo hecho este año no te ilusiona a ser volante activo otra vez?

—Sí, por supuesto. Los resultados fueron muy buenos y fuimos competitivos. Con auto de nueva generación podríamos estar más en la pelea todavía. Pero hay que analizar qué hacer, porque primero se necesita golpear puertas y ver con cuánto presupuesto podemos disponer para hacer un auto nuevo, y está todo muy caro y difícil. Pero sí, me entusiasma mucho en poder seguir.

“Me frena un poco el tener que hacer tantas cosas a la vez. Considerando que estoy solo en lo que a chasis respecta dentro del taller, eso me complica y condiciona. Tendría que hacer y conducir el auto de carreras, pero también trabajar para vivir. Y ese es otro punto que no puedo pasar por alto. Necesitaría, pensando en hacerlo bien como corresponde, más gente acá en el taller”, dejó en claro.

La opción del Cruze

Cumplido el ciclo del Chevrolet Corsa, auto construido en el taller de Pablo Arana en nuestra ciudad, Juanchi debe analizar los caminos a seguir. Permanecer nuevamente debajo de la butaca no parece ser una opción. Pero claro, para diagramar y ejecutar todo tipo de planificación mecánica hay que atender fundamentalmente un factor.

“Sea cual sea el proyecto, se necesita dinero”, remarca Juanchi, aunque en su mente hay un plan similar al realizado en este calendario 2021, pero dando el salto a la muy competitiva Clase 3, donde ya supo acelerar en algunas oportunidades.

—¿Evaluarías subirte al Chevrolet Cruze?

—Sí, esa sería la opción más viable y accesible. Al Cruze, al igual que el Corsa este año, le quedará una temporada más de homologación, y es un auto que, además de conocerlo y trabajarlo varios años, sabemos que siempre funcionó muy bien y que tiene mucho potencial.

“Con este auto Juan (Pipkin) anduvo siempre bien, y cuando lo compramos nosotros ganó con (Fabián) Pisandelli y Antonino (García), y también fue muy rápido con Mariano Pernía, que peleó podios y clasificó muy bien. Es un auto que sabemos que puede rendir. Pero la Clase 3 está muy profesional y, de la forma que yo lo hago, hay que analizar si se puede hacer”, dejó a entrever.

—¿Además de presupuesto, qué necesitarías?

—Necesitaría más gente en el taller que esté abocada de lleno al auto. Yo no puedo estar con la cabeza en la atención del chasis, la elección de la puesta a punto y, a su vez, en el rol de piloto, analizando cámaras, estudiando los circuitos y demás. No es que no lo puedo hacer, pero para estar fino y disponer de buenas opciones competitivas en una categoría tan exigente necesitaría un cambio en tal sentido.

“Hoy te digo que seguramente hagamos algunas carreras para sacarnos las ganas y ver dónde estamos parados, pero todo siempre dependerá del dinero”, aclaró Juanchi, quien en 2019 compitió en dos oportunidades a bordo del Cruze (Termas de Río Hondo y Viedma).

Otra de las opciones, menos viable, no contemplaría la conducción de Juanchi, sino su faceta de chasista, mediante el alquiler del vehículo y el resurgimiento del equipo.

“Si llega algún interesado, supongo que relego la conducción y lo alquilo. Y puede que, si el negocio es bueno, se podría aspirar a armar un Clase 2 y que yo me suma en simultáneo” aventuró.

“En su momento me frenó lo mismo que ahora”

Concluida la temporada 2010, Juan Ignacio Torres decidió hacer un stand by como piloto y desarrollar, conforme a las necesidades del caso, su capacidad técnica para atender autos de competición.

A menudo podía vérselo con buzo y casco, como una necesidad de despuntar el vicio y revivir internamente la adrenalina propia de la velocidad; como ocurrió en 2012, cuando intentó en la Clase 3 con un Chevrolet Astra, o en 2013, retomando la conducción del Corsa en la Clase 2.

—¿Dejaste de sentirte piloto?

—No. Siempre me gustó correr y estar arriba del auto. En su momento me frenó lo mismo que me frena ahora, las necesidades de vivir y también el tener que trabajar yo mismo en la máquina que voy a manejar: armarlo, ponerlo a punto, llegar a la carrera, subirme, manejarlo y acomodarlo durante el fin de semana, es casi imposible.

“Sergio (su padre) me da una mano muy grande haciendo el motor, pero todo lo demás recae sobre mí y eso me cansó en su momento”, especificó.
“Pero sabemos que hay potencial para andar bien. Por eso no descartamos nada. Pero sí hay que buscarle la vuelta para hacerlo de otra forma y que sea más llevadero y productivo. Eso hará que se pueda rendir mejor”, cerró.

Fotos: APAT y archivo La Nueva.

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