Este reconocimiento es el inicio de algo mucho más grande. Es la posibilidad de que cada persona pueda ver, entender y transmitir ese ADN tricolor que nos identifica y nos une como club. Un ADN que no solo se hereda: se aprende, se siente, se elige y se cuida.
A lo largo de los años, mucha gente pasó por el club y dejó su huella. Personas que sembraron disciplinas, sueños y oportunidades para que chicos y chicas pudieran practicar un deporte. Esos chicos crecieron, y hoy esos grandes siguen siendo grandes. No solo por lo que hacen, sino por cómo siguen estando.
Siempre a un costado, en silencio. Pero cuando hay que estar, cuando el club lo necesita, están. Y están siempre. A disposición. Porque hicieron propios estos colores, porque los sienten en el corazón, porque entienden lo que representan y los cuidan como se cuida lo que se ama.
Llevar el corazón tricolor es asumir valores: el compromiso, la responsabilidad, la empatía. Es entender el esfuerzo como una proyección, porque en cada cosa que hacemos también estamos creciendo. El club crece con el granito de arena de cada uno, con esa semilla que un día sembramos y que hoy sigue firme. A veces el viento nos desordena, nos vuela algunas hojas, intenta volvernos frágiles, pero seguimos. Porque nuestro propósito es más grande. Porque queremos llegar lejos. Porque queremos ser grande.
Y para eso nos necesita a todos. Necesita manos que ayuden, corazones que acompañen, personas que sostengan.
Ojalá sigamos construyendo muchos corazones tricolores. Ojalá podamos reconocer, con el paso del tiempo, a chicos y grandes por lo que son y por todo lo que dan al club. Que los chicos y chicas sigan creciendo, y que los grandes sigan marcando valores, ideales y camino.
Porque el club lo hacemos entre todos. Y entre todos queremos destacar a esas pequeñas personas que, todos los días, hacen grande a nuestro club.
Prensa Club A. Ventana
















