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El DT de Bahía Basket hizo un análisis de la temporada en Sierra de la Ventana

“¿Vamos a Sierra?”, le preguntó Sebastián Ginóbili a su novia.

Necesitaba oxigenarse, después de contaminarse con la eliminación de su equipo, Bahía Basket.

“Al final me fui solo -contó-, porque ella estaba con conjuntivitis. Caminé un ratito; fui a la cancha (de golf) a pasear… Nada de otro mundo”.
—¿Y?

—Y… Te quedan un montón de imágenes en la cabeza… Hoy (por ayer) fue un día especial, porque se terminó una temporada; llegó el momento de hacer un balance.

—¿El equipo no tuvo un líder natural?

—Por ahí faltó el líder espiritual, el que marcara el camino, el que contagiara cuando las cosas no iban bien. Faltó ese jugador, como en años anteriores cuando estaba Lucio (Redivo), que no era comunicativo, pero con su energía en la cancha daba mucho en los momentos malos del equipo…

—Rompía el molde.

—Exacto. Nos solucionaba los problemas. Este año no lo tuvimos, y se sintió. Es parte de la irregularidad que tuvimos durante la temporada. Uno piensa, noveno puesto después de tantos partidos, no parece malo por los problemas que tuvimos, pero el nivel de juego no fue bueno. Y en los momentos que pasamos de parecernos a los Lakers a un equipo del torneo local, hizo que no entendiéramos cuál era el verdadero equipo.

—¿Parodi no terminó nunca de acoplarse a la Liga, sin poder ser el líder que estaba llamado a ser?

—Por ahí no es su personalidad. Para mí, es un muy buen jugador, pero fue irregular como el equipo. Nosotros lo pusimos en una situación de líder que, por ahí, no la siente. Creo que puede hacerlo tranquilamente, por su nivel de juego y ascendencia en el juego. Pero él, prácticamente nunca fue líder, porque venía acostumbrado a estar al lado de Leandro García Morales.

—Fue una apuesta con él.

—Sí, sí, fue una apuesta. Creo que en los momentos que mejor jugó el equipo fue cuando él estaba bien. Porque podía liderar, repartir, anotar, pero bueno, por ahí recayó mucha responsabilidad en hacerlo líder, cuando todavía no lo siente, a su corta edad. El tendría que haber tomado mayores decisiones y, por ahí, no lo sintió en momentos importantes. Se notó más con lo que pasó anoche (por el viernes); no tuvo un buen partido.

—¿Por qué jugó tan poco Iglesias?

—Le costó al inicio conocer la competencia. Venía a un lugar nuevo, acostumbrado a otro entrenador, pero también jugaba en la posición de Pancho (Jasen) y Jamaal (Levy), y tenía menos espacio para jugar. Las veces que le tocó entrar le costó responder. No es fácil jugar minutos contados o partidos en situaciones especiales. No aprovechó esa oportunidad para generar un poquito más, pero no fue responsabilidad de él. En esa posición compartía con dos jugadores importantes.

—¿Notás que algunos de los más chicos están en una meseta?

—Todos, de la mano deportiva del equipo, dieron un salto grande. Maxi (Fjellerup) desde el inicio; Juan Pablo (Vaulet), físicamente se siente confiado; Santi (Vaulet) creo que fue quien dio el salto más grande y Facundo (Corvalán). Lo que pasa que, a veces, la vara es diferente con ellos y uno espera que el crecimiento sea mayor. Pero Maxi fue en gran parte, con 20 años, el gran líder. En líneas generales, los cuatro que llevan más tiempo con nosotros, dieron un salto.

—¿La lesión de Johnson cambió la estructura de equipo?

—Cambió los objetivos. Con él, nos habíamos fijado ser protagonistas y pelear con los de arriba, lo hicimos por momentos, porque con él también tuvimos irregularidades. Aunque por su ausencia nos quedamos sin juego interior, hasta la llegada de Jorge.

—¿Bolmaro, Lugarini y hasta el propio Elías, acaso un escalón más abajo, son los jugadores con mayor proyección inmediata?

—Y… Es a lo que apuntamos. Leandro, este año, jugó bastantes minutos y tuvo un rodaje más que importante en su primera experiencia. Seguramente será el puntal y parte de la generación que reemplace a las posibles partidas, a futuro, de los Vaulet, de Fjellerup, Corvalán… Apostamos mucho a su desarrollo. La idea es que la próxima temporada meta muchos más minutos y tenga protagonismo. Lo mismo que Bautista. Y Federico, todavía tiene que desarrollarse en otros aspectos, pero quedó demostrado en el último partido que no le pesa para nada (lanzó el último triple). Si tiene que tomar la primera o la última, la va a tirar. Es un jugador al que apostamos y, a futuro, puede ser una especie de Lucio (Redivo). No hay muchos jugadores con características de tiro rápido y con precisión.

—¿Esta temporada te hizo replantear algo a futuro?

—Sí. Me parece que hay cosas que tenemos que reformularnos.

—¿En qué aspecto?

—En la forma de ser un poco más estrictos a la hora de imponer lo que uno quiere, de proponer la intensidad de juego y ser más duros en eso. Encontrar la manera de comunicarse con los más chicos y que les llegue mejor el mensaje, más contundetemente. No sé si la forma es dictatorial o democrática, pero sí hacer llegar el mensaje para que se implemente en el juego.

—¿La filosofía de formar compitiendo, formateando a los jóvenes en un todo, a veces te limita para desarrollar lo que pretendés?

—No creo. Si tuviera dos jugadores determinantes, por ahí llenaría de otros roles al equipo, de que la pelota pase más por Anthony o las pelotas importantes las tire determinado jugador; pero me parece que la manera de que crezcan y tengan la posibilidad de desarrollarse es que sean agresivos. Después, pasa por los encontrar los momentos de cada uno. Pero eso lleva tiempo. Los chicos de hoy basan el juego más en lo atlético y no tanto en el entendimiento.

Por Fernando Rodríguez / ferodriguez@lanueva.com

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